Fragmento: Memorias, George Bähr (1914)
San Pedro Sula, finales del siglo XIX:
“… Por fin llegamos a Livingston, completamente empapados, pero muy contentos porque no nos habían comido los tiburones, porque hay muchos de ellos en estas aguas. La noche [la] pasamos en Livingston, y el día siguiente alquilamos otra canoa para viajar por el río Motagua a Isabal donde estaba la aduana de Guatemala. El general se reportó inmediatamente al comandante de aquí quien era un general mexicano. Nos recibieron muy amablemente, pero como el general estaba enfermo no podíamos seguir con nuestro viaje, y el comandante me preguntó si le quería ayudar en montar un aserradero. Yo contesté -"con mucho gusto". Dos días después vino un pequeño velero de Omoa y con él vino mi amigo Juan Monar quien también tenía una tienda en San Pedro Sula. Era español y un hombre muy simpático. Al verme me preguntó "don Adolfo (todavía me llamaban siempre Adolfo) ¿qué hace Ud. aquí?" Entonces le conté que quería ir a Guatemala a lo cual él contestó -"No, señor, Ud. regresa conmigo; el viaje no le cuesta nada, en Honduras Ud. hará fortuna". Ahora mi suerte estaba decidida. Regresé nuevamente a San Pedro Sula, volví a comprar mis herramientas y empecé a trabajar. Hice unos muebles, entre ellos una bonita mesa de caoba ovalada, y todos la admiraron. Además hice pequeñas mesitas redondas con una linda estrella de diferentes maderas en el centro, etc. Había alquilado una casa para vivir que al mismo tiempo me servía de taller.
Un día vinieron unos comerciantes alemanes, jóvenes, que
también querían probar suerte y se instalaron mí casa y nos pusimos de acuerdo
que los tres queríamos ir a Costa Rica un pais muy rico donde uno podía encontrar
su suerte con mas facilidad. La noche anterior a nuestro viaje me fui a la casa
de una familia que había visitado a veces, porque tenían una guitarra que me
dejaron tocar, y también hacia a veces unos juegos de naipes. El señor de la
casa tenia un nombre italiano (Caraccioli), pero era de descendencia india. Estaba
casado con una francesa, y ella tenia una hermana. Los padres de las damas vinieron
como inmigrantes, pero ambos estaban difuntos. La hermana de la señora de la
casa era una dama joven y muy respetable. Muchos hombres le habían pedido la
mano pero ella tuvo que prometer a su padre en su lecho de muerte que nunca se
casaría con un nativo. Entonces en aquella tarde - el señor hablaba un poco
inglés y las damas ¡francés – me quede un poco mas de tiempos porque esta noche
iba a ser mi última en San pedro Sula, y la joven me dijo -"No se
vaya". La contemplé muy seriamente; ella me dio la mano y siguió hablando –“Mañana
hablaremos”. Cuando llegue a la casa le conté a los dos alemanes y ellos me
reprocharon –“Para que? Muchachas hay por todos lados”. –“Si, pero no conocen a
ella, yo tampoco no tengo ganas de casarme; pero si la dama me contesta a las
preguntas que le pondré mañana como creo que va a contestar, entonces como
hombre estoy obligado a cumplir”. La mañana siguiente me fui donde ella, muyr
serio, y le dí la mano a le pregunte –“quiere ud. vivir conmigo en buenos y en
malos días sin quejarse?” –“Sí”, dijo ella. Mas no dijimos sino fuimos
directamente donde su cuñado y su hermana y pedimos el consentimiento de ellos
lo que nos dieron en seguida.
Entonces llegó un padre del interior. Dos veces fuimos
anunciados como comprometidos. El padre tenía que ir a Omoa, y por eso tuvimos
que ir nosotros también, a través de la alta montaña. Resultó que una familia,
conocidos de mi comprometida, tuvieron que viajar también a Omoa, y nosotros
nos fuimos con ellos. Al llegar a Omoa fuimos inmediatamente a la casa de
Federico Debrot, comerciante y consul de Inglaterra, Bélgica y Holanda. Nos
conocimos desde el tiempo cuando yo trabajaba con el Ferrocarril, y como
siempre me habia comportado bien fui bien recibido por todas partes. Cuando
entré a su oficina me preguntó -"Well, Bahr, what are you doing here? (Bahr,
que hace Ud. aqui) Le contesté -"Well, I am getting married, that is what
l came for (me quiero casar: por eso me vine). I am asking you, will you be my
godfather?" (y le pregunto si quiere ser mi padrino) lo que con gusto me
prometió. Entonces me preguntó -"Bueno, y quien es su prometida?" -
"tal dama". El conoció bien la familia y dijo -"Well, my boy,
you get a very good wife". (Bueno, mi muchacho, vas a tener una muy buena
esposa).
Era el 28 de mayo de 1872 cuando nos casamos en la iglesia
de Omoa en el estado de Honduras. Hasta hoy, cuando escribo esto, han pasado 41
años, yo tenía 33 y ella 23 años. Antes de partir hacia San Pedro Sula visitamos
a la casa del señor Debrot; Él me dijo en español, porque mi esposa no entendía
inglés, “yo conozco muy bien a Uds. dos, si puedo hacer algo por Uds., cuenten
conmigo." En el camino pregunté a mi esposa –“Bueno, porque dijiste tan de
repente que no me fuera, es que antes no me hacías ningún caso". A ésto
contesté ella -“porque siempre te he observado, tu carácter, y como te
comportabas. Tenía gran respeto de ti".
Después de regresar a San Pedro Sula alquilamos una casa,
pero quedé con mi otra casa donde tenia mi taller, y en nuestra casa de vivienda
instalé una barberia donde ganaba algunos pesos. Mi taller estaba cerca de la
casa. Hice un muy bonito armario de caoba sólida con doble puerta que se podía
desarmar completamente. En aquel tiempo San Pedro Sula tenia un aserradero, y
el dueño había cortado un tronco viejo y seco con bonitas vetas; con esta
madera resultaron las puertas del armario muy bonitas, las vetas haciendo
juego. Un dia vino un viejo ingeniero a mi taller, y al ver el armario preguntó
–“¿Cuanto quieres por este armario? I will take it with me home to England, the
mahogany looks so nice, well, how much?" ( Lo quiero llevar a Inglaterra,
la caoba es tan bonita, cuanto pués?) Yo dije -"100 pesos solamente, y él
contestó en seguida -"All right (bueno), y siguio -"Me puede hacer un
gran cajón aparte de madera de frijolillo, al cual lo puedo meter para el
transporte?" Esta madera es muy dura y de color café oscuro. “Bueno, lo
hago también, este cajón cuesta tanto". Él dijo otra vez “All right” y
siguió preguntando donde él podía conseguir unas doces de diferentes pájaros disecados.
Yo le dijo –“yo se los consigo”, y él otra vez contesto –“All right”…”.
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Memorias personales de George Bähr, inmigrante alemán radicado a finales del siglo XIX en San Pedro Sula, Costa Norte de Honduras. Estas memorias están resguardadas en el Archivo Histórico Municipal de esta ciudad, bajo la dirección del Lic. Eliseo Fajardo Madrid. El documento esta fechado en 1914, y los créditos corresponden a la descendencia de la familia Bähr debido a su rescate y su traducción, hoy inédita. El documento supera las 70 paginas. Como trabajadores de Clío, esperamos muy pronto puedan ser publicadas estas memorias al servicio de la comunidad y la historia de Honduras.

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