YORO Y EL RECUERDO DE UN MISIONERO
Carao o cañafístola (Cassia grandis)
Miguel Rodríguez A.
El domingo 27 de marzo [2022] se desarrolló un culto católico a la memoria del presbítero misionero Manuel de Jesús Subirana en la ciudad de Yoro, Yoro. Promovido por las parroquias que corresponden a la Zona Subirana, de la Diócesis de San Pedro Sula, fui invitado a presenciarlo por doña Marina A. Martínez, digna yoreña y devota al misionero, mismo que acepté gustosamente.
El viaje fue una hazaña. Llovió fuerte
desde Tegucigalpa hasta El Porvenir. De Talanga hacia el norte, a aprox. 40 Km
tomé el desvió hacia Minas de Oro para llegar a Victoria, lugar de descanso y
de singular amistad. Esta es la parte más al sur del departamento, el río
Sulaco y sus amplias riberas, son un potencial atractivo turístico, agrícola y
un espectáculo de paisaje. El día 26 tome la carretera de balastro y en
relativo buen estado, entre Victoria – Yoro que suman aprox. 60 Km. Su
recorrido está lleno de paisajes cautivadores. La ruta Victoria – Sulaco –
Yorito es hermosa, sus serranías y valles, sus caraos coloridos y ceibas de
antaño, las carretas de bueyes, sembradíos y un considerable tráfico, invitan a
conocer este departamento.
La historia de este es particularmente
especial por su dinámica cultural y política en la composición de la historia
de Honduras. Como región, mantiene sus singularidades; su población dispersa y
de diferentes orígenes y culturas, su dinámica económica y cultura política, su
geografía y sus tradiciones hacen de este un lugar especial para los estudios
científicos. Nuestra bibliografía sobre Yoro es escasa y hoy de difícil acceso,
por lo que conversar con su gente es una de las mejores formas para acercarse a
comprender otras realidades.
Yoro es centro político-administrativo y su
ciudad ha sido el punto de encuentro regional, aunque cambió drásticamente a la
llegada del siglo XX. Nuevas formas económicas aparecieron en todo el Atlántico
hondureño, regímenes extranjeros de enclave y la llegada de nuevas y diversas
poblaciones que cambiaron su dinámica regional. Esta idea la pensó
tempranamente el profesor Rubén Antúnez C. en su “Monografía de Yoro” publicada
en 1928.
Su gente está abierta al futuro y refleja
su historia. Esta se representa en sus cotidianidades, su patrimonio físico y
cultural. Aunque como ciudad deberá resolver muchos problemas de carácter
social; la divergencia económica y diferenciación social es marcadamente muy
visible. La administración política precisará asumir que, para aprovechar todo
el potencial del Valle de Yoro, deberá estar abierta a comprender su pasado y
su cultura.
Su casco urbano está relativamente ordenado
y tiene sitios de interés. En especial su bella iglesia parroquial dedicada al
Apóstol Santiago, lugar donde se encuentra el mausoleo del presbítero misionero
Manuel Subirana, inmueble patrimonial frente a la plaza central de Yoro.
En esta plaza sobresale el viejo edificio
del cabildo y diversos objetos de interés como la “piedra del molino” o los
bustos. La lomita de Santiago y al fondo en casi todos sus horizontes
imponentes montañas como el Parque Nacional Montaña de Yoro. La actividad fue
un culto religioso hacia con el “el legado del padre Manuel de Jesús Subirana”.
Según la feligresía concurrente, tal culto es motivo de la “devoción al Santo
Misionero”. José Antonio Leonar, delegado de la palabra de la parroquia de San
Juan Bautista de Río Lindo conversó conmigo.
Comentó que tal actividad se realiza hace 5
años. A excepción de estos dos últimos en que la pandemia imposibilitó su
continuidad y es parte del programa oficial de la iglesia en aquella localidad.
Afirmó que todo el sur del departamento de Cortés, “Villa Nueva, Cofradía, Río
Lindo, Santa Cruz de Yojoa corresponde al sector que se llama Subirana,
haciendo honor a la figura del padre; nosotros, San Juan Bautista parroquia de
Río Lindo, siempre tenemos planeada una visita con todas nuestras comunidades a
Yoro”. “Hoy volvemos en tiempos de Cuaresma”.
Le seguí escuchando y me llamó la atención
ese carácter devocional de la feligresía católica. La zona que hace referencia
es una de entre varias en que se dibuja el mapa católico hondureño, en donde
varias zonas están dedicadas a la memoria de Manuel de Jesús Subirana de manera
oficial por parte de la Iglesia Católica en Honduras. Por ejemplo, la zona
norte del departamento de Francisco Morazán que pertenece a la Arquidiócesis de
Tegucigalpa se nombra “Decanatura de Manuel de Jesús Subirana”. Lugares que coinciden
con una amplia tradición al padre Subirana como lo es todo el sur de Cortés.
Feligresía, sector Subirana. Parroquia de Río Lindo
Esta devoción, siguió exponiendo el señor
Leonar, “Ya se está volviendo una costumbre. Ya está dentro de nuestras
actividades anuales, siempre venimos cada noviembre a la tumba de Subirana”. Le
pregunté: ¿Usted cree que la Iglesia Católica hondureña esté interesada en su
canonización? “Yo creo que nuestras comunidades, que vivieron en carne propia
esa experiencia, nuestra tradición y devoción, somos los indicados para dar a
conocer esta historia y todo el legado que nos deja el padre Subirana. Todo
hombre está llamado a ser santo”.
Refiriéndose a la zona Subirana a la cual
pertenecía, comentó que “ahí tenemos nosotros un representante de nuestra
comunidad que trabaja por Subirana, porque el plan que en sí tiene la Diócesis
y en general la Iglesia es hacer Santo a Subirana. Por todo el legado que nos
deja su historia, la atención que le prestó a la pobreza, a todos los indios,
se debe a él. Todos los pronósticos que él dio, la carencia de alimentos,
sequias, fue un misionero visionario, y por eso nosotros le rendimos culto”.
“Es justo -continua- llevar al padre Subirana a los altares. Sería un gran
orgullo, ya que Honduras hasta hoy no tiene ningún santo reconocido”.
Comenzaron a sonar las bocinas de los “4
buses” que llegaron a Yoro y se marchaban. Doña Teodolinda Argueta Girón y doña
Guadalupe Cisneros, dos feligresas me comentaron que cada año vienen a Yoro.
Según entendí, dado que ellas son locales de Río Lindo, esta actividad se
practica desde hace mucho tiempo. Incluso se va al lugar de la muerte del padre
Subirana en Santa Cruz de Yojoa tipo “peregrinación”.
Por la mañana tuve la oportunidad de
visitar a don Luis Uclés, abuelo de Cristian Uclés, amigo en aquella ciudad. La
visita a su casa fue amena. Su casa de adobes y tejas muy cerca de la plaza
central, con un corredor, una hamaca y un “palo” de aguacate componían aquel
ambiente familiar. Como prominente anciano, conoce mucho de la historia
reciente de este departamento. Nació el 5 de marzo de 1925. Participó
activamente en la vida social y económica, así como cultural de Yoro. Fue
fundador de la Sociedad de Ganaderos de Yoro, caficultor, y ejerció diferentes
cargos de ejercicio público, como su amplia participación en el movimiento
agrario de los 70s. Promovió durante muchos años la feria patronal de Yoro, que
según nos dijo fue decretada en el período de Manuel Bonilla”.
Don Luis Uclés es originario de Locomapa,
pertenece a una familia en que sus antepasados vivieron en carne propia la
experiencia de Subirana. Rememora con mucha atención al padre Subirana. Comentó
varias historias sobre este. “Las escuchaba de mis viejos y varias personas que
conocieron al padre”. Mientras escucho, observo que saca un folleto,
“Celebración del 150 aniversario de la muerte del presbítero Manuel de Jesús
Subirana. Yoro, 27 de noviembre del 2014”.
Comentó entre varias historias, la Tigresa
de Chachualpa, las vivencias cuando visitaba a don “Rosendo Soto en Locomapa y
que según él fue bautizado por el Santo Misionero”. “Este indio, -continúa- fue
catequizado y Subirana le enseño a leer”. Hizo referencia a las lecturas de
carácter popular del Pompilio Ortega, en Patrios Lares (1946). También habló de
la santidad de Subirana. Le pregunté al respecto y argumentó que es, “justo,
para mí era un santo, un enviado de Dios. El padre dispuso conseguir tierras,
él los bajó de la montaña (a tribus indígenas) y los instaló en tierras
maquinizables. Para que ellos cultivaran su comida y no ser serviles a los
terratenientes. Nosotros tenemos unas tierras en Locomapa, medidas en el tiempo
de Subirana. Primero midieron las tierras de las tribus y luego las de mis
bisabuelos y tatarabuelos. Me contaba un ing., don Abraham Bueso, que el padre
Subirana conocía tanto la ingeniería, que sus medidas eran tan exactas como la
de un ingeniero actual”.
Ese mismo domingo, don Róbelo Antúnez,
enfermero (jubilado) y originario de Morazán conversó conmigo. Róbelo nació en
1946 y su información al respecto es de digna mención. Comentó que el “Santo
Misionero, dejo una virgen de los Desamparados para un 22 de mayo, un libro de
mayo y una novena envueltas en su pañuelo. Tuve la dicha de tenerlos con mis
propias manos, pero tengo entendido hoy ya no están en la iglesia de Morazán”.
El señor Antúnez hizo referencia al papel
agrario de Subirana en pro de los indígenas, cuestión temática que más
sobresalió en las conversaciones de este viaje. Además, evidenció el amplio
cuerpo material y espiritual a la figura del padre Subirana. Comentó varios
milagros que están en su experiencia. “La historia de una mujer en Intibucá que
había perdido la vista y oró a Subirana y este intercedió”. Fue impreso y
mandado a colocar a la tumba de Subirana por dicha mujer a merced de un
viajero. “Pasaba el año del golpe de Estado de López Arellano (1963), suceso
que impidió que el viajero llegara a Yoro a cumplir tal promesa de entrega”.
Manifestó conocer a “Mamá Tona, una india que fue bautizada por Subirana y de
quien escuche mucho sobre el Santo Misionero”.
Más al occidente de este departamento, me
recibió muy gentilmente el profesor Ladislao Rodríguez Motiño, en Morazán,
antiguamente conocido como Cataguana. El profesor don Ladislao comentó su
recorrido de vida, siendo un connotado ciudadano que se dedicó a la educación.
44 años ejerció su profesión tanto en el área rural como en la urbana de
Morazán. Se especializó como profesor en “un programa que tenía la Escuela
Superior del Profesorado para la especialización de profesores empíricos que
ejercían su profesión en diversas áreas del país”. Manifestó que antes “se
enseñaba en las escuelas la historia del padre Subirana”, razón por la cual él
conocía el tema.
Comentó varias historias de carácter oral
en particular a su municipio. También hizo énfasis en el aporte “al derecho de
la tierra que Subirana les dejó a las tribus que inclusive el mismo organizó”.
Tiene una recopilación de documentos sobre Subirana y su municipio. El acceso a
la “Virgen de los Desamparados” fue imposible.
De vuelta a Yoro, la experiencia que tiene
doña Marina A. Martínez es de singular atención. Participó activamente como
devota de Subirana y su conocimiento. Tiene un amplio bagaje documental que en
muchos años se ha dado a la tarea de compilar. Doña Marina afirmó que celebró
joven y adulta a Subirana; Estuvo presente para su centenario en 1964, y 150
aniversario de su muerte.
Destacó sus diligencias para que, desde
Barcelona, España se localizara documentación sobre el padre Subirana, misma
que pertenece al registro municipal de Manresa, lugar de nacimiento del padre y
etapa formativa en el Seminario de Vic, entre 1825-1834. Una carta fechada el 1
marzo del 2000 en que Rose Mary Pell le comunica a doña Marina sobre objetos
relacionados a esta figura, explica esta cuestión:
“Marina busca a Chabela Uclés… en San Pedro
Sula. Ella sabe quién tiene los tres baúles del padre Subirana en el Medio,
Locomapa… El abuelo de Finlander Gutiérrez Armijo, que es hijo de quien fuera
sacristán guarda cosas valiosísimas de él. No sé cómo se le haría para que las
donara, tal vez el Cura vá, pero ya son otros hechos y eso toma mucho tacto.
Quizá tenga miedo a que le roben todo, me cuentan que Finlander trajo un baúl
de cosas para Canadá y ves, son reliquias… la gente por ahí guarda muchas cosas…”.
Parte de esa documentación fue certificada
por don Joan Mir i Tubau, Presbítero Secretario General – Canciller del
Obispado de Vic, en carta fechada el 1 de septiembre del 2000, que dice:
“Certifico. Que las 34 fotocopias que se
adjuntan corresponden a los documentos originales que se guardan en el archivo
de la Curia Diocesana del Obispado de Vic (Catalunya-España). Dichas fotocopias
se refieren al D. Manuel Subirana, nacido en Manresa (Barcelona), sacerdote
misionero en América Latina, y de la cual se está tramitando su canonización.
Cada fotocopia ha sido debidamente sellada…”.
Por otra parte, sobresale el “compendio de
historia sagrada y seglar acomodada a la capacidad del pueblo que a los Estados
hispano-americanos ofrece el presbítero misionero don Manuel Subirana”, sin
fecha de creación y ubicado en el archivo de la Curia Eclesiástica sita en
Tegucigalpa.
El camino de regreso por la misma ruta fue
cautivador. En Yorito me esperaba el Ing. Cristian Uclés para una visita a la
iglesia de Luquigüe. Nos acompañaron los profesores de ciencias sociales del
Instituto San Pedro de Yorito, Jairo Urmeneta (jubilado) Román Flores Bátiz y
Osbin Aquino. En la aldea nos recibió la señora Yessenia Hernández, quien
estaba en su visita rutinaria al inmueble.
Este bello templo, ubicado en la serranía de Luquigüe, una de las aldeas de Yorito, es de singular belleza. Su historia se remonta al siglo XVII y hoy se conversa sobre su restauración. Actualmente no hay movimiento religioso en el templo, debidas a las condiciones inseguras del mismo. La riqueza del templo y sus elementos arquitectónicos, además del amplio carácter religioso en la aldea, son hoy los vestigios de un pasado todavía por estudiar. La magnitud de dicho templo cautiva al viajero. Su ubicación geográfica en la lejanía es cautivadora. Sus torres se miran desde lejos y bastará decir que su pretendida intervención deberá ser desarrollada por expertos y observada por el Instituto Hondureño de Antropología e Historia.
En Victoria, La hospitalidad de la familia
“Kakitos” como popularmente se han conocido es invaluable. Mi amiga Lucy
Maldonado que conocí en tiempos de Universidad (UNAH), hoy es una profesional
de las Lenguas Extranjeras, directora del colegio bilingüe “Geniusses School”,
de los pocos en toda la región. Su casa vernácula frente al cerro Los Limones,
al este de aquella población hacen las mañanas de Victoria apacibles para el
espíritu humano.
La comprensión del pensamiento popular a través de la tradición oral es hoy un reto para la producción intelectual. Acercarse a la gente es estar abiertos a comprender otras realidades, muy diferentes a las que estamos acostumbrados. Comenzar a indagar el espejo de la tradición oral e interpretarlo nos acerca más a la comprensión de la historia. Hoy más presente que nunca en nuestros pueblos y ciudades y requerida por nuestra sociedad.
-Primariamente publicado en diario La Tribuna, Honduras, 30 de abril de 2022.

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