TRADICIONES HONDUREÑAS: EL PADRE MANUEL DE JESÚS SUBIRANA, MISIONERO JESUITA.

 Eusebio Morales

Retrato del Padre Manuel Subirana, publicado en San Pedro Sula por Diario Comercial, 1933 en un especial informativo sobre el departamento de Yoro, Honduras. Parece ser que desde esta fecha en adelante se generalizó dicha fotografía, pero que, según el Dr. Rolando Sierra F., no es el padre Subirana sino un fotograbado de Fray de Jesús Zepeda y Zepeda, uno de los religiosos mas sobresalientes de finales del siglo XIX hondureño.* 

"Hace ya más de setenta años que llegó a Tegucigalpa el Misionero Jesuita, Padre Manuel de Jesús Subirana, cuya memoria es venerada por cuantos le conocieron.

Era, el Padre, de regular estatura, empaque proporcionado, recto de cuerpo, semblante dulce y afable. Sus ojos redonditos, parecían dos pocitos de agua zarca, y tenía muy revelado el Espíritu del Señor. Frugal en su alimentación, parco en sus costumbres, paternal en su trato. Su espíritu de mansedumbre y de bondad, tenía el divino poder de los primeros grandes propagadores del cristianismo. La Fe, que alentaba su alma, era como un divino faro que iluminaba las conciencias, en las que derramaba a torrentes la Esperanza y la Caridad. Dormía pocas horas, y lo más de la noche lo pasaba en comunicación con Dios: orando. Tenía tal aspecto de santidad, que hasta los espíritus frívolos y vulgares, los anti-religiosos y libertinos, no tuvieron para él jamás ni un mal pensamiento ni la más leve irrespetuosidad.

Y si al Clero guatemalteco le cupo la gloria de tener en su seno a un Hermano Pedro de Betancourt, cuyos hechos extraordinarios de su vida han sido relatados, bajo el aspecto de milagros, por el salvadoreño Francisco Gavidia: al Clero hondureño le ha cabido también la de haber tenido al Padre Manuel de Jesús Subirana.

Cuando las gentes que lo conocieron y lo recuerdan dicen sencillamente: hacía milagros.

He aquí algunos de los hechos extraordinarios que del Padre Subirana conserva la tradición. 1. El Padre Rafael Carías se había vuelto afónico, es decir, había perdido la voz, y el Padre Subirana se la volvió, después de haberle aplicado sus manos varias veces en la garganta. 2. Una señora fue atacada varias veces de enajenación mental, y a la tercera vez, el Padre le dio un baño de agua fría, le aplicó las manos sobre la cabeza, y le dijo: ¿cómo estás hija? Siéntate, vamos a platicar. La señora quedó inmediatamente curada, y no volvió a padecer de aquella penosa enfermedad. 3. Una aldeana le llevó dos gallinas obsequiadas, y no encontrando al Padre en su habitación, dejó allí el obsequio y se fue a confesar. Al tiempo de la absolución, el Padre le dijo que no la absolvía sino iba a llevar sus dos gallinas. Admirada la penitente de que el Padre supiera lo del obsequio, le rogó que no la despreciara, a lo que él le contestó: hija, eres muy pobre y ese regalito es en perjuicio de tus chiquitos. 4. Confesando a un hombre, éste manifestó haber terminado la narración de sus culpas; pero el Padre se empeñó en que hiciera memoria sobre un pecado que le faltaba, y como el confesante no lo encontrara, el confesor lo auxilió diciéndole que había cometido el pecado de proporcionarle un disgusto a un vecino, por haberle matado un perro. 5. En cierta ocasión, un penitente cayó muerto a sus pies en el momento mismo en que terminaba de darle absolución. El Padre exclamó con gratitud de solemne divinidad: se ha salvado. 6. Llevó a cabo con éxito admirable la catequización de los xicaques, quienes llegaron a amarlo tanto, que lo llamaban papá. 7. Murió en medio de sus catequizados, y se dice que en el momento de expirar se sintió un perfume muy agradable. 8. También agregan que permaneció con los ojos abiertos hasta el momento en que su cadáver iba a descender a la sepultura.

Dicen que los xicaques se opusieron a que al Padre fuera enterrado lejos de ellos.  Al ser cierto ese hecho, los restos de aquel santo varón allí estarán hasta que la piedad o el patriotismo busquen aquella huesa para hacer justicia a la memoria de quien quizá alguna vez figure en el santoral cristiano."

Fuente: El Cronista. Mayo 9, 1917. Año VI, n.1388, pág. 2

*Nota del editor.


Comentarios

Entradas populares de este blog

EL RINCÓN: TERRUÑO, TERROR Y EXILIO

YORO Y EL RECUERDO DE UN MISIONERO

Un viajero norteamericano en 1898 narró: