Semblanza de un viajero en San Pedro Sula, 1913
Miguel N. Trejo
"…El Sol vertió su lumbre tras las azules sierras y
montañas y allá, en el vago lirismo de Poniente, hubo algo así como resplandor
de un incendio. Detuvéme ante la ciudad que se extendía caprichosamente sobre
las vastas llanuras de la Costa. El crepúsculo gris diluía sus montesinas
palideces. El campo reverdecido era una inmensa sabrosura donde los toros daban
al aire su mugir sonoro. Lentamente, con el ánimo embargado por el secreto
anhelo de conocer la floreciente metrópoli costeña, avance por el angosto camino
de hierro, símbolo de progreso. Alla, en la polvorienta carretera, iban de
paseo lujosos carruajes donde linajudas damas y mofletudos caballeros, lucían
el orgullo de su fortuna. Y luego, casi raudamente tuve frente a mí la ciudad
bellísima con sus mil focos de luz eléctrica, con el ruido de sus coches, con
la sonoridad de sus músicas marciales y con el profuso concierto del trajinar
de su gente. Alguien me dijo: <hemos llegado>. Y fue así como vi tras la
iluminación eléctrica que se vertía sobre las calles y sobre los altos techos
de las casas de madera, un ruido, mejor dicho, un vasto nido donde pareciome
dormía en silencio una blanca garza de las riberas del <Pensativo>. El
parque un pintoresco sitio de paseo, pobló luego de un policromo vuelo de
mariposas, que no otra cosa me aprecio aquel singular conjunto de mujeres
jóvenes, ebrias de alegrías y henchidas de placeres. En el alto kiosko la
música derramo sus armonías y floreció otra vez la en mi alma sujeción del
recuerdo, de aquel luminoso recuerdo que en alas de la fantasía me llevó hacia
los ambos rinconcitos de la ciudad ausente. ¡oh bella tarde de verano en que
mis ojos se anegaron de luz con la luminosa visión de la ciudad costeña, de la
ciudad Yanquee en estilo, poblada de símbolos y de fantasías y de soñaciones!
Tarde lejana en que conocí la floreciente ciudad de San Pedro… .”
En El Comercio. Marzo 22, 1913, Año 7, n. 67 pág. 2.

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