COLABORACIÓN: ALGO MAS SOBRE EL MISIONERO SUBIRANA

A. R. Z. (*)

"Como un honor de justicia a los grandes méritos y virtudes de los hombres superiores, nos vemos en el gustoso caso le escribir en colaboración del caballero presbítero don Álvaro Escoto, algo más sobre la excelsa personalidad del señor Misionero Manuel de Jesús Subirana. Ya el Lic. don Eusebio Morales escribió un artículo publicado en el No. 1.388 de «El Cronista,» que lleva por lema «Tradiciones Hondureñas;» pero él casi no arroja luz sobre aquella figura digna de eterna recordación.

El señor Manuel de Jesús Subirana estudió en el seminario de Vich y se ordenó de presbítero en la misma ciudad el año de 1834, y fue destinado a la de su origen, la ciudad de Manresa, hasta el año de 1845, en cuyo tiempo sintiéndose llamado a la vida apostólica, se presentó a Su Ordinario, quien aprobándole con singular placer, le facultó para que recorriera aquella vasta Diócesis, recogiendo copiosísimo fruto. Así recorrió la de Barcelona con el carácter ya de Misionero, llevando una vida evangélica y edificante, hasta el año de 1850, que se embarcó y vino a misionar al arzobispado de la isla de Cuba, siendo su arzobispo don Antonio María Claret y Clara y su Secretario el presbítero Felipe Ronia. Allí permaneció hasta el año de 1856, recorriendo el arzobispado de Cuba en todas direcciones, encendiendo en las almas el fuego sacro del amor divino. Fue allí también en donde, a causa de su ardiente celo, con privaciones y sacrificios sin nombre en el caldeante clima de la zona tórrida. sufrió terribles enfermedades que pusieron en el mayor peligro su preciosa existencia.

El 8 de julio de 1856 pasó a la Diócesis de San Salvador, siendo el reverendísimo señor doctor Tomás Saldaña y Olivares y el Papa reinante el Santísimo Padre Pío IX, de gratísima memoria. En esta Diócesis permaneció haciendo el bien y agasajado con las mayores consideraciones de parte del Reverendísimo Obispo, clero y fieles, hasta el 17 de enero de 1857, en que vino a esta Diócesis de Comayagua, ocupando en aquella época la Sede Episcopal de Roma el Dr. Hipólito Casiano Flores, quien lo autorizó para que, al ejercer su ministerio, usara de grandes privilegios que ¡aquel había recibido del Santísimo Padre.

El año de 1859 pasó el señor Subirana nuevamente a la Diócesis de San Salvador, y después a la de Nicaragua, el 4 de diciembre de 1860, siendo su Obispo el Dr. Bernardo Piñol y Aycinena.

No tenemos conocimiento de que el Misionero Subirana haya visitado la Diócesis de Costa Rica, ni la metrópoli arzobispal de Guatemala; pero es el caso que al regresar el año de 1860 de Nicaragua a Honduras, se vino directamente a la ciudad de Yoro, en el departamento del mismo nombre, y aquí fue donde estableció el centro de su magnánimo apostolado. El señor Misionero Subirana ofició en este departamento conociéndolo y cruzándolo todo, haciendo las jornadas casi en su mayor parte a pie por lo accidentado de los caminos. Aunque la caridad de Dios la difundía en todas las almas, aquí tuvo especial predilección por las numerosas tribus selváticas (los xicaques) que se hallaban a la sazón en tristísimo estado de salvajismo. Conocedor no sólo de su lengua, la de Cervantes, como la de la iglesia, la francesa, y quizá otras más, conoció con perfección el dialecto de los xicaques, de tal manera que con ellos se entendía a maravilla. Catequizó los indios de «Machigua», cerca de esta ciudad, los de «El Siriano,» «(Luquigüe,» (Santa Marta,» «(Pueblo Quemado,» (hoy Subirana, pueblo al que él mismo le dió su nombre) «Tablón,» «Mataderos,» «Lagunita,» «Cuchillas,» «Tigre,» «San Francisco,» «La Bolsita,» «Caridad,» «Ocote Paulino,» «Alvarenga» y muchos caseríos y villorrios que sería prolijo enumerar. En muchos de es- tos pueblos dejó ermitas que las trabajó personalmente, donde celebraba, administraba y dirigía su verbo de fuego. Y no solo atendía espiritualmente a sus adorados inditos, sino que también se preocupó por su más allá, pues con su benéfica influencia alcanzó del gobierno civil terrenos feracísimos para sus favorecidos, medidos por él mismo y con maestría tal, que los ingenieros modernos aseguran estar medidos con exactitud matemática.

El señor Subirana fue filósofo, teólogo, poeta místico, políglota, polemista, orador, de voz meliflua, de carácter dulce y apacible y con un manantial de inagotable inspiración que hacía que los pueblos creyentes en masa lo siguieran por doquiera como aun varón de Dios, como a un ser verdaderamente extraordinario.

Al través de media centuria varios misioneros han venido a Centro América con grandes ejecutorias elocuentes, piadosos y virtuosos, pero comparados con el misionero Subirana, quedan eclipsadas sus glorias.

Hace ya 53 años que descendió a la tumba el santo misionero Subirana, el año de 1864, el día 27 del funerario mes de noviembre, en el lugar llamado Potrero de los Olivos, en el departamento de Cortés, muy cerca de Santa Cruz de Yojoa. Por haber manifestado en vida sus deseos de ser inhumado en el templo de Yoro, fue conducido en hombros desde aquella enorme distancia a esta ciudad. Al pasar sus restos por los caminos, sus predilectos y caros inditos en profusa variedad descendían llorando de las cumbres de las montañas para portar sus venerados despojos. El cuarto día le dió terraje el Rev. Padre Miguel Bustillo Pavón, quien aseguraba que a pesar de no estar embalsamado, en vez de mal olor, despedía un perfume a azahares.

El señor misionero era alto y delgado, y no jesuita como dice el Licdo. Morales. ¡He aquí el epitafio grabado en mármol (alto y bajo relieve) sobre la lápida del señor Subirana: <<El pueblo de Yoro con gratitud deposita esta lápida. Misionero Manuel de Jesús Subirana, de Manresa, provincia de Barcelona (España) 1864, Potrero de los Olivares, Departamento de Cortés. Cuatro días después de su muerte sepultado en este templo. Iniciativa de su Curo Presbítero Álvaro Escoto.>>

Ni el tiempo ni la distancia que todo lo borra hacen olvidar el recuerdo del Misionero Subirana; su nombre vive latente y escrito con caracteres imborrables en el pecho de esta humanidad agradecida, que no pierde la esperanza de que no en lejano día su bendito nombre llegue a ser inscrito en el catalogo de los santos. 

Yoro, 27 de mayo de 1917." 

Fuente: El Cronista. Junio 4, 1917. Año VI, n.1410, pág. 2

* A. R. Z. Iniciales del autor, que según expresa el mismo, sigue divulgación temática sobre el padre Subirana, tempranamente (1917) en uno de los diarios mas importantes editados en Tegucigalpa, Honduras.



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