Instituto Hondureño de Antropología e Historia: 72 años

Jesús Núñez Chinchilla*


Miguel Rodríguez A. 

Con motivo del 72 aniversario del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (2024), reproducimos el interesante discurso pronunciado por Jesús Núñez Chinchilla el día de su inauguración el 31 de julio de 1952, que por decreto del 22 del anterior el gobierno de Juan Manuel Gálvez fundó tal Institución de carácter oficial al servicio del Patrimonio cultural de Honduras.

Don Jesús Núñez Ch., fue el primer Director de esta institución que ha mantenido una continuidad en el desarrollo de sus funciones, estando presente, especialmente en la cuestión del cuidado del patrimonio cultural de la nación.

Un tiempo atrás, cuando revisamos Diario Comercial, nos llamó la atención el nombre del autor de este discurso, quien su nombre se consigna en uno de los pasillos, a la entrada de una monumental biblioteca, en la Antigua Casa Presidencial de Honduras, aquí en el Distrito Central.

Jesús Núñez Chinchilla es el nombre de aquella biblioteca pública ubicada en un ambiente agradable y fresco. Estando en el poniente de aquel viejo inmueble, viendo por los ventanales el cauce del Rio Grande y los mercados de Comayagüela, la biblioteca conserva un aire de antigüedad. Desde 2008 forma parte del Centro de Documentación de Investigaciones Históricas de Honduras CDIHH y conserva un bagaje escrito impresionante. 

Todavía hay ficheros en donde se busca manualmente el material de interés por el usuario, como llaman a sus visitantes. Y esta al servicio, solo vía consulta con uno de sus empleados, un documento digital del fichero bibliotecario. En años recientes La biblioteca ha lanzado importante información vía su dirección web, como la ha sido toda Yaxkin, la principal revista de divulgación del Instituto.

Sin embargo todavía no está a disposición la totalidad de su registro bibliotecario. Desde lejos, yo miro que hay demasiada información, no sin clasificar, sino que no está disponible al público. Recuerdo que hace pocos años, cuando conocimos la biblioteca, uno podía consultar la dirección web de la misma y tener acceso al registro bibliotecario, que es una base de datos sin comparación y aun sin acceso web para el usuario en la era digital.

Esa fue la primera y única oportunidad de acceder a la misma. Aunque sin duda, en los fondos digitales no web el Instituto ha avanzado mucho en clasificación, según miramos en diferentes indexes que diversas generaciones de profesionales han trabajado. Como usuario de este importante servicio, excito a la quien corresponda la divulgación de tanto material, que peor es que se pudra en aquellos estantes olvidados de la gracia de Dios.

Yo no se realmente quien fue el que llevó el centro de Documentación referido a tal inmueble, donde también forma parte del Archivo Nacional de Honduras. Que como sabemos no es para ello. Recientemente en la prensa ha circulado información al respecto, y se habla de un posible traslado. Que es urgente, pero a espacios pertinentes, modernos y como deben de ser, considerando al público y más importante aún, al rescate de aquel patrimonio escrito.

Hay unas personas que hablan de trasladar esos fondos al antiguo inmueble del Banco Central de Honduras, adyacente a la Casa Presidencial, que estaría bien, si se considera a largo plazo. Cuestión dudosa ya que según dice la misma prensa el edificio ahora paso a ser parte del poder legislativo, que también tiene su inmueble adyacente y forma, en el centro histórico, un atractivo y verdaderamente hermosa localidad, para fines turísticos y si se permite museográficos, pero no para contener el más importante bagaje documental del país. El pueblo hondureño debe saber que todo ese patrimonio escrito se está cayendo a pedazos y necesita, el gobierno actual prestar atención en el asunto de manera seria y directa. La cultura también requiere de inversión y decisiones. 

Yo creo que con motivo del 72 aniversario, y viendo como la cuestión global de la cultura no se detiene, ni mucho menos nos voltean a ver, es necesario una actualización sistemática del servicio bibliotecario. La biblioteca hondureña necesita en general acercarse más a su población. Y tener esos medios digitales tan importantes en la realización de las investigaciones históricas y antropológicas.

* Jesús Núñez Chinchilla nació el 31 de agosto de 1915 en Ocotepeque, muy cerca del ambiente arqueológico de Ruinas de Copán. Estudio para ser profesor de educación media en uno de las escuelas normales de Occidente, y para 1936 era director de un colegio en aquella localidad. Fue a estudiar a la Universidad Nacional Autónoma de México especializándose en Arqueología y Antropología participando en renombradas centros de estudio del área. Regresó a Honduras en 1952 siendo nombrado primer Director del Instituto Nacional de Antropología en Historia por el gobierno de Juan Manuel Gálvez y hasta su muerte, en 1973 dedicó importantes proyectos de investigación arqueológica de Honduras, centrándose en Copán. Hacia 1975 póstumamente, el mismo Instituto comenzó a reunir su biblioteca, siendo hoy una de las principales centro de investigación en el centro histórico del Distrito Central, Honduras. (Fuente: Contraportada de Ruinas de Copán, de su autoría, 1975.)

[Transcripción]

"Discurso leído por el Doctor Jesús Núñez Chinchilla, Director del Instituto de Antropología e Historia con motivo de su inauguración la noche del 31 de julio de 1952. (Para Diario Comercial). 

El Instituto Nacional de Antropología e historia contribuirá al movimiento cultural de Honduras. por Jesús Núñez CH.

Excelentísimo Sr. Presidente de la República. Excelentísimo Sr. ministro de Educación Pública. Excelentísimo sr. Embajador de los Estados Unidos Mexicanos. Excelentísimos señores secretarios de Estado. Honorabilísimo cuerpo Diplomático y Consular. Distinguida concurrencia: En este momento feliz y memorable, el Gobierno del Excelentísimo Doctor Juan Manuel Gálvez, compenetrado como en realidad lo está, de la necesidad que representa para la cultura patria y americana, el estudio, divulgación y conservación de los riquísimos y hasta hoy casi desconocidos valores espirituales que posee Honduras: cristaliza y por medio de su Excelencia, Licenciado don Julio C. Palacios, Ministro de Educación Pública, pone en marcha el Instituto Nacional de Antropología e Historia; centro que se encargará de organizar, coordinar, velar, conservar y superar nuestra tradición y nuestra historia.

Se reconoce, y es muy elogiable que desde el 28 de enero de 1845, sino antes, nuestros gobiernos prestaron atención y se interesaron por la conservación de los monumentos arqueológicos e históricos del país. Emitieron Leyes, decretos y celebraron contratas especiales para la restauración de dichos monumentos, singularizándose las que se refieren a las valiosas Ruinas de Copán.

Pero la experiencia, dolorosa por cierto, ha venido a demostrarnos que ni la buena intención, ni las leyes emitidas y no las ordenes de dependencias del Estado, con problemas más o menos generales, han sido lo suficientemente eficaces para la defensa, conservación y comprensión de nuestra herencia antropológica e histórica.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia, además de los fines expresados en el Acuerdo N. 245 del 22 de julio, emitido por el Poder Ejecutivo, por medio de su Ministerio de Educación Pública, del cual dependerá, prestará todo su apoyo a las investigaciones científicas y artísticas, que interesen a la Arqueología e Historia de Honduras y a las antropológicas en general; sobre todos si ellas van encaminadas a la población mestiza e indígena. Trata de relacionarse con todos los centros afines de América y Europa, en una campaña de confraternidad y de interés por el mejor conocimiento de la cultura hondureña.

En esa forma, también buscará la manera de encausar y atraer el turismo, pues nadie duda ya, que cuando este está bien orientado, constituye una poderosa fuente de ingreso económico. La gigantesca obra vial, que el gobierno está llevando a cabo, nos coloca en situación inmejorable, para dar principio a una propaganda sistemática.

Antes de seguir adelante, permítasenos decir que la antropología en su acepción más simple, “Es la ciencia que estudia al hombre y su obra”. Ella es la que puede contestar mejor las preguntas siguientes: Que terreno común existe entre los seres humanos de todas las tribus y naciones?: ¿Qué diferencias existen? ¿Cuál es su origen? Que profundidad tienen? Como Ciencia, es relativamente joven: principió por estudiar aquellos rasgos que a otras ciencias les pareció sin importancia, tales como, la forma de la cabeza, la textura del cabello, el color de la piel, los objetos de carácter extraño, inventos primitivos, etc. etc. A principios del siglo que corre, a los investigadores que se interesaban por todas esas cosas al parecer exóticas, y que buscaban la manera de saber “como el hombre moderno llegó a ser como es hoy” les llamaron Antropólogos. Estos llegaron a demostrar que “los hombres de los diferentes continentes y distintas regiones, se parecían más que se diferenciaban. Descubrieron muchas semejanzas en las costumbres humanas, algunas de las cuales podían ser explicadas por los contactos históricos”: así fue como de repente la Antropología se vió convertida “En la ciencia de las semejanzas y las diferencias humanas”.

La Antropología en forma científica principió a desarrollarse en las postrimerías del siglo XVIII siendo practicadas por aficionados con dotes naturales: médicos, abogados, comerciantes y otros más la ejercían como medio de entrenamiento. “Debido a que el estudio tenía algo de romántico, y porque no era una manera fácil de ganarse la vida, atrajo a gran número de estudiosos que disponían de medios de vida independiente” y precisamente porque estos antropólogos del siglo XIX, estudiaban las cosas guiados por un interés puro y no para ganarse la vida o reformar al mundo, se desarrolló tal tradición de objetividad, que proporcionó a la Antropología las mayores ventajas para estudiar la vida humana.

“El ansia de saber y la energía de los aficionados consiguió gradualmente un lugar para su tema favorito, como una ciencia independiente. En 1850 se estableció en Hamburgo, un Museo de Etnología: el Museo Peabody de Arqueología y Etnología de Harvard, se fundó en 1866; la Oficina de Etnología Americana en 1879; poco a poco el interés por las ciencias antropológicas han ido en constante ascenso, mejorando y creando nuevos métodos de investigación.

A las personas que excavan en las ruinas, reviviendo e interpretando el pasado, técnicamente se les ha llamado “Arqueólogos” a las que estudian las costumbres y sistemas de vida de los indios, “Etnólogos”, “Etnógrafos o bien “Antropólogos Sociales”: a las que se encargan de determinar el sexo de los esqueletos, medir cráneos, etc. “Antropólogos Físicos” y a los que se ocupan de estudiar los sonidos y semejanza de los idiomas “Lingüistas”, todas estas designaciones están comprendidas no son más que variantes en el término general de “Antropólogo”.

Pero la Antropología, no solamente estudia el pasado para ayudarnos a comprender el presente; sino que también realiza fines inmediatos y prácticos, porque posee conocimientos especiales y determinados métodos para orientar a los gobiernos en el manejo y dirección de las tribus primitivas y los habitantes de su dependencia. En ese sentido, cuerpos de Antropólogos han sido empleados por los gobiernos de Inglaterra, Holanda, Francia, México, Colombia, Argentina y otros países con los halagadores resultados que todos conocemos. Durante la pasada guerra, los Antropólogos desempeñaron brillante papel y hoy en tiempos de paz, están siendo usados por los pedagogos, los médicos, los industriales, etc.

Después de esta somera disquisición, nos resta decir que el amplio capo de trabajo de nuestro Instituto, estará cubierto por las secciones siguientes: Arqueología, Etnografía, Museografía, Arte Colonial e Historia y Turismo. Que se impondrá una incansable labor de docencia y divulgación científica hasta donde le sea posible y se lo permitan sus propios medios de recursos económicos.

Con entusiasmo, con fe inquebrantable y con las esperanzas que encontrará en el pueblo hondureño el apoyo decidido, que el gobierno le otorgará, porque desde hoy, y en todo momento está dispuesto a prestar su colaboración, para encontrar los medios que lo encaminen hacia la superación histórica, económica y social. El Instituto Nacional de Antropología e Historia, viene a asumir la responsabilidad y hacerse cargo de todos los grandes problemas antropológicos, arqueológicos e históricas de la República.

Muchas gracias."

Fuente: Diario Comercial. Año XX, n. 7034, p. 6




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