“Candil de la calle, obscuridad de la casa”: Folklore

Miguel Rodríguez A.

Esta nota periodística de 1987 me llamó la atención la expresión que tiene este titulo y me recordó que desde que tengo memoria la había escuchado de mis mayores de manera constante.

En los afanes de la investigación histórica, -los colegas no me van a dejar mentir-, uno se encuentra con cosas que realmente lo llevan a uno a recordar, que aunque inmersos en los archivos, somos parte de una sociedad o producto de ella.

Una de estas manifestaciones pertenecientes al folklore, según veo hispanoamericano, es precisamente la expresión popular “Candil de la calle, obscuridad de su casa”, expresión popular que hace referencia a una persona que en la calle es simpática, amable y tiene cuanto todo por agradar a la gente, pero en su casa, con su propia gente se comporta, según me dijo un taxista, a quien le pregunte sobre la expresión -para explicarme mejor-, es un perro. Alguien desagradable que incluso hace imposible la vida de su propia familia.

Encontrarme con estas expresiones, a las que de alguna manera estoy relacionado por cuanto el folklore, me hace parte de algo, que todavía no sé, pero me siento adherido a esta sociedad, especialmente a sus clases populares a las que pertenezco con orgullo y ahincó.

Dicho esto, muchas expresiones populares, me han llamado la atención, así como esta, por su amplio contenido metafórico y explicativo, tan popular como filosófico, para explicar tramas en esta comedia humana que nos esta tocando vivir, es decir, desde la experiencia viva de los pueblos.

Esta nota periodista que estamos a punto de leer hace referencia al tan metáfora, en la cual se denuncia al alcalde de la ciudad ribereña de El Progreso, “La Perla del Ulúa”, que según dice el periodista andaba asuntos relaciones con otro municipio, mientras que su ciudad, una de las más importantes del país, sus calles de deshacían en baches y un desagradable aspecto. En la gráfica, aparece una de las calles céntricas de aquella ciudad hondureña y aparece dos marcas de automóviles importantes también en el desarrollo de las comunicaciones y transporte terrestre en Honduras: un Toyota Land Cruiser y un camión Hino, ambos japoneses, bastantes preferidos en los últimos 50 años de historia de Honduras.

He tratado de localizar antiguamente tal expresión popular y al parecer se deriva de conceptos similares en nuestra lengua, remontándose hasta la época del antiguo régimen. En el siglo XIX varios diccionarios en español la localizan y varios pueblos la han adaptado a sus manifestaciones populares, especialmente en hispano América. Recientemente a Andrés Manuel López obrador le adjudicaron tal expresión. Tema que solo concierne al gran pueblo mexicano, pero que evidencia la popularidad del refrán en la región.

En Honduras aún hoy la gente hace alusión a tal expresión popular, referenciando a una persona que por sus acciones, es caldil de la calle, pero oscuridad de su casa, diciendo algo así “como que es una mierda en el lugar donde vive pero afuera, es usualmente conocido por sus buenas acciones” -me termina de decir el taxista-. Tal expresión es más vigente que nunca a cuanto cuadro queramos adaptarla, muchos escenarios.

Hasta en estas breves y concisas expresiones podemos encontrar los historiadores evidencias del pasado, cercano o lejano que tratan de una sociedad como la hondureña. Me parece que el redactor de esta nota, de quien desconocemos su nombre, era vecino de aquella ciudad, corresponsal de La Prensa que se editaba desde 1964 en la cercana ciudad de San Pedro Sula. Y además que brinda evidencias de una de las más populares expresiones hondureñas, también nos deja la evidencia grafica de aquella ciudad que hasta el día de hoy, así como todas las ciudades hondureñas, luchan por establecer un buen aspecto en medio de la fealdad que las envuelve. Aún hoy, solo falta poner atención un ratito, especialmente en las horas pico y ver como se caen a pedazos nuestras ciudades de este país llamado Honduras.

Independiente de su (sub) contenido, la cuestión metafórica es riquísima y según veo se puede aplicar a cuanto contexto de cual sujeto este interesado. Así, también hablaríamos en primera, segunda o tercera persona, singular o plural, institucional y cuanta idea sea posible. Un ejemplo es precisamente esta nota periodística de 1987.

Cuando terminó de hablar el señor taxista dio un ejemplo, donde sus palabras fluyeron con una naturalidad sincera y expresiva. Comento sobre un tío que la abuela, es decir, su nana -dijo-, le decía que él era candil de la calle, oscuridad de su casa, “ya que bolo, en la calle era amor, pero cuando llegaba a la casa no paraba de hacer pijeo.”

Vamos a seguir analizando más sobre el rico folklore del que somos parte. Un aspecto que popular, me hace sentir parte de algo y que espero seguir cultivando. Cabe recordar que como fuente histórica según nuestros intereses, podríamos explotar tal información para muchas temáticas en este mundo de la historia: calles de tierra y con baches, edificios de adobe, en fin mucha información de aquel aspecto hondureño.

[TRANSCRIPCIÓN]

“Alcalde progreseño candil de la calle obscuridad de la casa”


El Progreso, Yoro, 1987

“Llenas de hoyos y baches se encuentran las principales calles y avenidas de esta ciudad, mientras la Municipalidad destina su maquinaria en la apertura de caminos en otro municipio. En el pasado esta comunidad mantenía sus calles debidamente arregladas, pero debido al exiguo presupuesto de la Municipalidad, el mantenimiento de las mismas no se hace desde hace mucho tiempo, por lo que vehículos y peatones tienen dificultad para transitar hasta por el propio centro. Los vecinos se quejan que mientras la ciudad es olvidada, el alcalde Adalberto Aguilar Panchamé presta el único tractor para favorecer al municipio de El Negrito, poniendo de moda el dicho: "candil de la calle, oscuridad de la casa". (Foto Luis Aguilar).

Fuente: Abril 7, 1987. La Prensa.

 

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