Breves apuntes sobre Confucio Montes de Oca

 #Gacetillas biográficas.

Confucio Montes de Oca fue hijo de Miguel Montes de Oca y de doña Josefa Acosta de Oca.

Don Miguel es de origen español. Vino a Centro América formando parte de una compañía dramática. Al llegar a Honduras contrajo matrimonio legal y cordialmente. No volvió a salir del país. Vive todavía, siendo ya un anciano. Gustó de poner nombres filósofos antiguos a sus hijos. Uno de los hermanos de Confucio se llama Zoroastro.

El padre y la madre de Confucio viven en La Ceiba lo mismo que sus hermanas y hermanos.

Don Miguel, además del teatro, se ocupó en otras varias artes: pintura, dibujo, escultura, etc. Ocupo importantes puestos, en varios gobiernos de Honduras. Fue siempre y es de una honradez sin mancilla.

Confucio revelo bellas dotes de artista desde su niñez. En tiempo de la Administración de López Gutiérrez, cuando él era muy joven todavía fue pensionado por aquel gobierno para hacer estudios de pintura en Paris. Hizo allá grandes progresos en este arte, donde tuvo por maestros a pintores de reputación mundial, entre ellos el gran maestro Sorolla, y sus cuadros fueron exhibidos por la novedad de la concepción de notabilidades americanas y por el atrevimiento de los colores. También se dedicó con amor a la literatura y público en español y en francés bellísimos trabajos que daban a conocer su potente imaginación y la facilidad y belleza de la expresión. Aunque tenía ya reputación de pintor, alguno que conoce su obra literaria nos asegura que era más encantador el colorido de su expresión que el colorido de su tela.

No solo estuvo en Paris, también en España y en Italia. En Italia, aprendió italiano no solo para los usos corrientes de la vida, sino también para expresarse literariamente.

Hacía muy pocos meses que había regresado a su tierra natal (honduras), donde le sorprendió la muerte cuando había dejado de ser una promesa para convertirse en una gloria del Arte Nacional.

-Atlántida.

Fuente: Revista Alma América, año I, #8, 28 noviembre de 1925, p. 8.

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